Calidad del aire en Europa

A través de este visor, queremos hacer llegar a todas aquellas personas preocupadas con el medioambiente y la salud de los entornos donde vivimos. Podrás acceder a información esencial de como evolucionan algunas variables del aire europeo en los últimos 15 días. Entre las variables que podrás encontrar hay algunas tan esenciales como el monóxido de carbono (CO) o el dióxido de nitrógeno (NO2).

A través de la información aquí recogida puedes indagar en el significado referente a las variables disponibles en el visor creado por AGRON Consulting.

(No dudes en contactar con nosotros para cualquier duda)

Variables Disponibles:

  • Monóxido de Carbono (CO): es un gas altamente tóxico. Puede causar la muerte cuando se respira en niveles elevados. Se produce por la combustión deficiente de sustancias como gas, gasolina, queroseno, carbón, petróleo, tabaco o madera. Si se respira, aunque sea en moderadas cantidades, el monóxido de carbono puede causar la muerte por envenenamiento en pocos minutos porque sustituye al oxígeno en la hemoglobina de la sangre.

  • Dióxido de Nitrógeno (NO2): se forma como subproducto en los procesos de combustión a altas temperaturas, como en los vehículos motorizados y las plantas eléctricas. Por ello es un contaminante frecuente en zonas urbanas. Es un gas tóxico, irritante y precursor de la formación de partículas de nitrato. Estas llevan a la producción de ácido y elevados niveles de PM-2.5 en el ambiente. Existen numerosas normativas de microgramos /metro cúbico máximos diarios y por número de horas según países. Afecta principalmente al sistema respiratorio. El dióxido de nitrógeno es uno de los gases responsables de la lluvia ácida, ya que al disolverse en agua origina ácido nítrico.

  • Dióxido de Azufre (SO2): es liberado en muchos procesos de combustión ya que los combustibles como el carbón, el petróleo, el diésel o el gas natural contienen ciertas cantidades de compuestos azufrados. Es un gas irritante y tóxico. Afecta sobre todo las mucosidades y los pulmones provocando ataques de tos. Si bien este es absorbido principalmente por el sistema nasal, la exposición de altas concentraciones por cortos períodos de tiempo puede irritar el tracto respiratorio, causar bronquitis y congestionar los conductos bronquiales de los asmáticos. La concentración máxima permitida en los lugares de trabajo es de 2 ppm. Con el tiempo, el contacto con el aire y la humedad, se convierte en trióxido de azufre. La velocidad de esta reacción en condiciones normales es baja. En agua se disuelve formando una disolución ácida. Puede ser concebido como el anhidruro de un hipotético ácido sulfuroso (H2SO3). La oxidación del dióxido de azufre a trióxido de azufre puede producirse también por la reacción con ozono. La reacción ocurre en forma espontánea en las capas altas de la atmósfera. El trióxido de azufre al reaccionar con el agua presente en las nubes produce ácido sulfúrico, el cual disminuye el pH del agua y precipita en forma de lluvia ácida.

  • Ozono (O3): A temperatura y presión ambientales, el ozono es un gas que desprende olores fuertes y generalmente sin coloración, pero en grandes concentraciones puede volverse ligeramente azulado. Si se respira en grandes cantidades puede provocar una irritación en los ojos o la garganta. El ozono atmosférico se encuentra en estado puro en diferentes concentraciones entre los 10 y los 40 km sobre el nivel del mar, siendo su concentración más alta alrededor de los 25 km (ozonosfera), es decir, en la estratosfera. Actúa en la atmósfera como depurador del aire y sobre todo como filtro de los rayos ultravioletas procedentes del Sol; de ahí la gran importancia de la llamada “capa de ozono”. El equilibrio del ozono en la estratosfera se ve afectado por la presencia de contaminantes, como pueden ser los compuestos clorofluorocarbonados (CFC), que suben hasta la alta atmósfera, donde catalizan la destrucción del ozono más rápidamente de lo que se regenera, produciendo así el agujero de la capa de ozono.

    Por otro lado, el ozono ambiental (troposfera) es el que nos interesa aquí. Se trata de un gas incoloro que se crea a través de reacciones fotoquímicas entre óxidos de      nitrógeno (NOx) y compuestos orgánicos volátiles (COV) derivados de fuentes como la quema de combustible. El ozono, en concentración suficiente, puede provocar        daños en la salud humana (a partir de unos 150 microgramos por metro cúbico) o en la vegetación (a partir de 30 ppb) y contribuye a generar un calentamiento en la        superficie de la Tierra. Esta molécula es un oxidante muy potente que, afectará tanto a la vegetación natural como a la producción de cultivos e incluso a la salud                humana. En función de la concentración y el tiempo de exposición a los gases, los daños serán más o menos perjudiciales. Puede producir tos, irritaciones en la                faringe, irritaciones en la garganta y los ojos; dificultades respiratorias, empeoramiento de la función pulmonar o síntomas de malestar general.

    El mecanismo mediante el cual se genera el ozono en la troposfera es completamente distinto, ya que a esta altura no llegan las radiaciones ultravioletas. El ozono, en      este caso, se forma a partir de ciertos precursores (NO* – óxidos de nitrógeno y VOCs – compuestos orgánicos volátiles, como el formaldehído), contaminantes                    provenientes de la actividad humana. El conjunto del ozono, forma una neblina visible en zonas muy contaminadas, denominada smog fotoquímico, en el hemisferio          norte, ocurre generalmente entre los meses de agosto y septiembre.

  • Metano (CH4): Es incoloro, inodoro e insoluble en agua. En la naturaleza se produce como producto final de la putrefacción anaeróbica de las plantas. Este proceso natural se puede aprovechar para producir biogás. El gas natural lo contiene en diversas proporciones según el yacimiento de donde es extraído, desde el 83% al 97%. El gas natural comercializado es mayoritariamente metano con algunos otros hidrocarburos añadidos en pequeña proporción, como etano, propano, butano y algo de nitrógeno. Es muy peligroso ya que es fácilmente inflamable y explosivo. El metano es un gas de efecto invernadero relativamente potente que contribuye al calentamiento global del planeta Tierra ya que tiene un potencial de calentamiento global de 23.4 Esto significa que en una medida de tiempo de 100 años cada kg de CH4 calienta la Tierra 23 veces más que la misma masa de CO2, sin embargo, hay aproximadamente 220 veces más dióxido de carbono en la atmósfera de la Tierra que metano por lo que el metano contribuye de manera menos importante al efecto invernadero. Su principal peligro para la salud son las quemaduras que puede provocar si entra en ignición. Es altamente inflamable y puede formar mezclas explosivas con el aire. Si hay estructuras construidas sobre o cerca de vertederos, el metano desprendido puede penetrar en el interior de los edificios y exponer a los ocupantes a niveles significativos de metano. El 60 % de las emisiones en todo el mundo es de origen antropogénico. Proceden principalmente de actividades agrícolas y otras actividades humanas. Su concentración es más alta en el hemisferio norte porque la mayoría de las fuentes (naturales y antropogénicas) son mayores en ese hemisferio. Las concentraciones varían estacionalmente con un mínimo a finales del verano. La concentración media de metano en la superficie de la tierra el año 1998 era de 1,745 ppb y el año 2018 era 1857.5 ppb. Varios estudios sacados en 2019 (Howarth) concluyen que la creciente producción de gas de esquisto en América del Norte ha contribuido significativamente al reciente aumento del metano atmosférico global.

  • Formaldehído: tiende a ingresar a la atmósfera a partir de incendios forestales y el procesamiento de la madera, por ejemplo. Es un importante gas intermedio en la oxidación del metano y otros hidrocarburos. Si bien es de corta duración en la atmósfera, reacciona químicamente para convertirse en una fuente importante de monóxido de carbono, otro contaminante dañino.

  • Aerosol (AOD): El término aerosol se refiere tanto a las partículas como al gas en el que las partículas están suspendidas. El tamaño de las partículas puede ser desde 0,002 µm a más de 100 µm. La generación de aerosoles puede ser de origen natural o debida a la actividad humana. Algunas partículas se dan de manera natural, las cenizas volcánicas, las tormentas de polvo, la erosión del suelo, los incendios forestales y de pastizales, y la pulverización de agua marina. Las actividades humanas, como la quema de combustibles y la alteración de la superficie terrestre también generan aerosoles. Los aerosoles, naturales y antropogénicos, pueden afectar al clima cambiando el modo en el que la radiación electromagnética se transmite a la atmósfera. La composición química de los aerosoles afecta directamente a la forma en que interactúa la atmósfera con la radiación solar y el contenido de agua líquida. Los componentes químicos de los aerosoles alteran el índice de refracción global de la atmósfera. El índice de refracción determina la cantidad de luz que es dispersada y la que es absorbida. Ayuda a la formación del trióxido de azufre y por tanto promotor también de la lluvia ácida. La inhalación de partículas en suspensión puede generar numerosas patologías.

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